Por Carlos Cortés Díaz
La noche embriaga mi sensibilidad
Desnudando mis caprichos y deseos
Revelando lo censurado de mis aforismos
Y lo frágil de mi moralidad y sensatez
Alguien intenta apoderarse de mi mente
Alguien que no se ve pero que existe
Una entidad de la más oscura oquedad
Un peregrino de la supresión y de la muerte
Un estafador de la realidad y de la voluntad
Un experto en cuestiones lóbregas y perdidas
Un nuncio del fanatismo y excesiva tozudez
Pero paladín de mil batallas de moral
No te duermas al iniciar el amanecer
Eres vulnerable a sus engaños
Hay más perplejidad y titubeo
Cuando la luna se esconde en el armario.
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