Por Carlos Cortés Díaz
La noche embriaga mi sensibilidad
Desnudando mis caprichos y deseos
Revelando lo censurado de mis aforismos
Y lo frágil de mi moralidad y sensatez
Alguien intenta apoderarse de mi mente
Alguien que no se ve pero que existe
Una entidad de la más oscura oquedad
Un peregrino de la supresión y de la muerte
Un estafador de la realidad y de la voluntad
Un experto en cuestiones lóbregas y perdidas
Un nuncio del fanatismo y excesiva tozudez
Pero paladín de mil batallas de moral
No te duermas al iniciar el amanecer
Eres vulnerable a sus engaños
Hay más perplejidad y titubeo
Cuando la luna se esconde en el armario.
viernes, 10 de julio de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
Acecho
Por Carlos Cortés Diaz
Hay unos ojos que me observan todo el tiempo
Hay una calma que no encuentra mi alma
Hay una brecha estrecha entre lo real y lo ficticio
Hay un acecho de ellos en mi retorcido interior
Escapar de su proximidad y su vigilia es un error
Prefiero tenerlos cerca acechando mi identidad
Consumiéndome en las brasas de su yerro mortal
Y refugiándome en las entrañas de mi cortedad
Hoy solo he visto a tres foscos en mi habitación
Uno con una marca en la frente en forma de aspa
Y dos dipsómanos pirados en su horrible orco
Con llagas en las cicatrices de sus desvelos
Todas las noches sueño con mi evasión
Con el más creíble motivo de mi resurrección
Con una saeta en mi exánime mano izquierda
Y con un broquel en la diestra zarpa envenenada
Hoy te he visto llorar de congoja y desconsuelo
Por que entiendes que ya no tengo redención
Confundida por el aroma y vaho de mi infortunio
Y excitada por mi propasada lujuria y agitación
Hoy me acechan los fiambres de mi barriada
Expulsando de mi ser la castidad y la llaneza
Ocultándose bajo el nombre de sutil imprudencia
Y forzando mi temple a infringir contra mi conciencia.
Hay unos ojos que me observan todo el tiempo
Hay una calma que no encuentra mi alma
Hay una brecha estrecha entre lo real y lo ficticio
Hay un acecho de ellos en mi patosa realidad.
Hay unos ojos que me observan todo el tiempo
Hay una calma que no encuentra mi alma
Hay una brecha estrecha entre lo real y lo ficticio
Hay un acecho de ellos en mi retorcido interior
Escapar de su proximidad y su vigilia es un error
Prefiero tenerlos cerca acechando mi identidad
Consumiéndome en las brasas de su yerro mortal
Y refugiándome en las entrañas de mi cortedad
Hoy solo he visto a tres foscos en mi habitación
Uno con una marca en la frente en forma de aspa
Y dos dipsómanos pirados en su horrible orco
Con llagas en las cicatrices de sus desvelos
Todas las noches sueño con mi evasión
Con el más creíble motivo de mi resurrección
Con una saeta en mi exánime mano izquierda
Y con un broquel en la diestra zarpa envenenada
Hoy te he visto llorar de congoja y desconsuelo
Por que entiendes que ya no tengo redención
Confundida por el aroma y vaho de mi infortunio
Y excitada por mi propasada lujuria y agitación
Hoy me acechan los fiambres de mi barriada
Expulsando de mi ser la castidad y la llaneza
Ocultándose bajo el nombre de sutil imprudencia
Y forzando mi temple a infringir contra mi conciencia.
Hay unos ojos que me observan todo el tiempo
Hay una calma que no encuentra mi alma
Hay una brecha estrecha entre lo real y lo ficticio
Hay un acecho de ellos en mi patosa realidad.
martes, 7 de julio de 2009
Nacimiento

Por Carlos Cortés Díaz
Hoy no me reconozco
Solo soy el aroma de lo que algún día fui
Pero escucho mi voz y aunque es mas lerda
Sigue siendo la mía, lo sé por mi acento.
En seis meses he recorrido todas mis emociones
Me he desgastado en mis silencios y sueños
He conocido la soledad cara a cara
Aunque su cara me es conocida,
o tal vez solo es un recuerdo de mi niñez.
Hay una puerta en esa habitación obscura
Al entrar una escalera que me conduce al fondo
En donde hay gente ausente, perdida, extrañable
Un abrazo frío, un beso tibio y una despedida.
Al lado un camino que conduce a ahí
Es sucio, viejo, conocido sin haber estado jamás
Pero sé el rumbo y el significado que esconde
No estoy consciente y debo regresar
¿En donde están?
¿Porque los murmullos me aterran?
Veo la luz azul y negra, pero no el televisor
Veo los restos de mi alma
Perdiéndose entre sollozos
Ahora ya no reconozco mi voz
Y se empiezan a borrar mis recuerdos
Siento miedo, un miedo que me succiona
Y veo solo a lo lejos unos ojos que me observan
Con dolor y con ternura.
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