Por Carlos Cortés Diaz
Hay unos ojos que me observan todo el tiempo
Hay una calma que no encuentra mi alma
Hay una brecha estrecha entre lo real y lo ficticio
Hay un acecho de ellos en mi retorcido interior
Escapar de su proximidad y su vigilia es un error
Prefiero tenerlos cerca acechando mi identidad
Consumiéndome en las brasas de su yerro mortal
Y refugiándome en las entrañas de mi cortedad
Hoy solo he visto a tres foscos en mi habitación
Uno con una marca en la frente en forma de aspa
Y dos dipsómanos pirados en su horrible orco
Con llagas en las cicatrices de sus desvelos
Todas las noches sueño con mi evasión
Con el más creíble motivo de mi resurrección
Con una saeta en mi exánime mano izquierda
Y con un broquel en la diestra zarpa envenenada
Hoy te he visto llorar de congoja y desconsuelo
Por que entiendes que ya no tengo redención
Confundida por el aroma y vaho de mi infortunio
Y excitada por mi propasada lujuria y agitación
Hoy me acechan los fiambres de mi barriada
Expulsando de mi ser la castidad y la llaneza
Ocultándose bajo el nombre de sutil imprudencia
Y forzando mi temple a infringir contra mi conciencia.
Hay unos ojos que me observan todo el tiempo
Hay una calma que no encuentra mi alma
Hay una brecha estrecha entre lo real y lo ficticio
Hay un acecho de ellos en mi patosa realidad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario